La deshidratación es uno de los principales enemigos del ciclista, ya que incluso una pérdida del 2% del peso corporal en líquidos puede afectar el rendimiento. Antes de salir, es importante comenzar bien hidratado, tomando agua o bebidas con electrolitos. Una buena práctica es beber 500 ml de agua una hora antes de iniciar.
Durante la rodada, la cantidad dependerá del clima y la intensidad. En promedio, se recomienda entre 500 y 750 ml por hora. En climas calurosos, lo ideal es alternar entre agua y bebidas isotónicas que repongan sodio, potasio y otros minerales que se pierden con el sudor.
Después de rodar, la rehidratación continúa. Una buena estrategia es beber al menos 1 litro de agua en las horas siguientes, complementado con frutas ricas en agua como sandía, naranja o melón. La hidratación adecuada no solo mejora el rendimiento, también previene calambres y acelera la recuperación.