Dormir bien es tan importante como entrenar. Durante el sueño profundo, el cuerpo libera hormonas de crecimiento que reparan los músculos y tejidos dañados por el esfuerzo. Un ciclista que no descansa adecuadamente tendrá menor energía, reflejos más lentos y mayor riesgo de lesiones.
Lo ideal es dormir entre 7 y 9 horas diarias. La calidad del sueño también importa: mantener horarios regulares, evitar pantallas antes de dormir y crear un ambiente adecuado (oscuro, fresco y silencioso) favorece un descanso reparador.
Algunos estudios sugieren que los ciclistas profesionales aprovechan siestas cortas de 20–30 minutos para mejorar la recuperación. Incluso para amateurs, una buena rutina de descanso puede marcar la diferencia entre una rodada productiva y una llena de fatiga.
El sueño es el entrenamiento invisible: no se ve, pero potencia cada pedalazo y asegura un mejor rendimiento sobre la bici.